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"La lectura es una actividad que permite elevar el nivel de conciencia de los individuos y de los pueblos. Su fomento es fundamental en la formación de una ciudadanía, de un conglomerado de hombres y mujeres libres, autónomos, capaces de definir sus propios criterios y obrar en consecuencia.

Hernando García Mejía,
Presentación "Del Leer y del Ser"



 

El Principito

CAPÍTULO IX

Creo que aprovechó para su evasión una migración de pájaros salvajes. La mañana de su salida, puso en orden el planeta. Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad. Poseía dos volcanes en actividad, y era muy práctico para calentar el desayuno por la mañana. También poseía un volcán apagado. Pero, como él solía decir, "¡nunca se sabe!". Deshollinó, pues, igualmente el volcán apagado. Si están bien deshollinados, los volcanes arden despacio y con regularidad, sin erupciones. Las erupciones volcánicas se parecen a una chimenea cuando se prende. Evidentemente, en nuestra tierra somos demasiado pequeños para deshollinar nuestros volcanes. Por eso nos ocasionan tantos quebraderos de cabeza.

Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad.

El principito también arrancó, con algo de melancolía, los últimos brotes de baobabs. Creía que no tendría que volver jamás. Pero todas estas tareas familiares le parecieron aquella mañana extremadamente llevaderas. Y, cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla a cubierto bajo el fanal, se sintió con ganas de llorar.

-Adiós, -dijo a la flor. Pero ella no le contestó.

-Adiós -volvió a decir.

La flor tosió. Pero no se debía a su catarro.

-He sido tonta -le dijo por fin-. Te pido perdón. Procura ser feliz.

Le sorprendió la falta de reproches. Se quedó allí completamente desconcertado, con el fanal en la mano. No comprendía esa apacible dulzura.

-Pues sí, te quiero -le dijo la flor-. Por mi culpa, no llegaste a saberlo. No tiene importancia. Pero tú has sido tan tonto como yo. Procura ser feliz... Deja en paz ese fanal. Ya no lo quiero.

-Pero el viento...

-No estoy tan acatarrada como para eso... El aire fresco de la noche me vendrá bien. Soy una flor.

-Pero los animales...

-Tendré que aguantar dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas. Dicen que son tan bonitas... Si no, ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás lejos. En cuanto a las fieras, no tengo ningún miedo. Tengo mis garras.

E ingenuamente mostraba sus cuatro espinas. Luego añadió:

-No te quedes ahí parado, hombre, me pones nerviosa. Has decidido marcharte, pues vete.

Y es que no quería que la viese llorar. Era una flor tan orgullosa...

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Leer por el simple placer de leer, por la urgencia de convocar la palabra, de recuperarla y otorgarle el sentido que tiene por sí misma. Leer como posibilidad de encuentro y descubrimiento de los otros. Esa es nuestra intención. Que la buena literatura sea asequible a mucha gente, cercana a sus vivencias y a sus esperanzas.

 

Capítulo VIII