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"La lectura es una actividad que permite elevar el nivel de conciencia de los individuos y de los pueblos. Su fomento es fundamental en la formación de una ciudadanía, de un conglomerado de hombres y mujeres libres, autónomos, capaces de definir sus propios criterios y obrar en consecuencia.

Hernando García Mejía,
Presentación "Del Leer y del Ser"



 

 

El Principito

CAPÍTULO V

Cada día me enteraba de algo nuevo sobre el planeta, sobre la salida, sobre el viaje. Iba surgiendo poco a poco, al azar de las reflexiones. Fue así como, al tercer día, conocí el drama de los baobabs.

También esta vez fue gracias al cordero, pues el principito bruscamente me preguntó, como asaltado por una grave duda:

-Los corderos comen arbustos, ¿no es verdad?

-Sí. Es verdad.

-¡Ah! ¡Qué contento estoy!

No entendí por qué era tan importante que los corderos comieran arbustos. Pero el principito añadió:

-Por lo tanto, ¿también comerán baobabs?

Hice notar al principito que los baobabs no son arbustos, sino árboles grandes como iglesias y que, aunque llevara consigo todo un rebaño de elefantes, ese rebaño no podría con un solo baobab.

La idea del rebaño de elefantes hizo reír al principito:

-Habría que ponerlos unos encima de otros...

Pero advirtió con acierto:

-Antes de crecer, los baobabs empiezan por ser pequeños.

-¡Exacto! Pero, ¿por qué quieres que los corderos coman los baobabs pequeños?

Me contesté: "¡Pero bueno!", como si se tratara de algo evidente. Y necesité un gran esfuerzo de inteligencia para comprender por mí mismo este problema.

Y, en efecto, en el planeta del principito, como en todos los planetas, había hierbas buenas y hierbas malas. Y por lo tanto, semillas buenas de hierbas buenas y semillas malas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le antoja despertarse. Entonces, se estira y, tímidamente al principio, crece hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una planta mala, hay que arrancar la planta en cuanto se la pueda reconocer. Ahora bien, había semillas terribles en el planeta del principito... Eran las semillas de baobab. El suelo del planeta estaba infestado de ellas. Y si una baobab no se coge a tiempo, ya no es posible librarse de él jamás. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el plantea es demasiado pequeño y los baobabs demasiado grandes, lo hacen estallar.

-Es cuestión de disciplina -me decía más tarde el principito-. Cuando uno termina de asearse por la mañana tiene que asear cuidadosamente el planeta. Tiene que someterse a arrancar con regularidad los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho de pequeños. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.

Y un día me aconsejó que me esmerara en realizar un bonito dibujo, para metérselo bien en la cabeza a los niños de mi tierra.

-Si un día viajan -me decía-, podrá serles útil. A veces no hay inconveniente en aplazar el trabajo. Pero cuando se trata de los baobabs, siempre es una catástrofe. Conocí un planeta, habitado por un perezoso. Había descuidado tres arbustos...

Y, siguiendo las indicaciones del principito, dibujé aquel planeta. No me gusta mucho adoptar el tono de un moralista. Pero el peligro de los baobabs es tan poco conocido y los riesgos corridos por el que se extraviara en un asteroide son tan considerables, que, por una vez, salgo de mi reserva. Digo: "¡Niños! ¡Cuidado con los baobabs!". Para advertir a mis amigos de un peligro que estaban rozando desde hace mucho tiempo, como yo mismo, sin conocerlo, trabajé tanto aquel dibujo. La lección que daba bien valía la pena. Quizá os estaréis preguntando: "¿Por qué no hay en este libro otros dibujos tan grandiosos como el dibujo de los baobabs?". La respuesta es bien sencilla: lo he intentado, sin conseguirlo. Cuando dibujé los baobabs. me animaba un sentimiento de urgencia.

Próxima entrega: Capítulo 6

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Leer por el simple placer de leer, por la urgencia de convocar la palabra, de recuperarla y otorgarle el sentido que tiene por sí misma. Leer como posibilidad de encuentro y descubrimiento de los otros. Esa es nuestra intención. Que la buena literatura sea asequible a mucha gente, cercana a sus vivencias y a sus esperanzas.

Capítulo IV